Eduard Punset


 
 

Deberíamos ser más como las mariposas monarca

He podido contemplar la llegada de millones de mariposas monarca (Danaus plexippus) para invernar, lejos de la nieve de sus paisajes originarios en Canadá, a 5.000 kilómetros de las montañas de Valle de Bravo, en el oeste del Estado de México, donde estuve en Noviembre.

Pienso, al mismo tiempo, en el asombro que nos produce que no se hayan descubierto todavía ciertos misterios de los humanos. Uno de ellos es la conciencia. El progreso efectuado en el conocimiento de las conexiones neurológicas no nos ha permitido todavía saber cómo el ser humano se forma la conciencia de sí mismo.

El periodista Félix Sentmenat mantiene una charla con Eduard Punset sobre los viajes más significativos de su carrera. La entrevista, en el suplemento Viajar de La Vanguardia, refleja momentos e ideas de su vida marcados por sus desplazamientos alrededor del mundo: su época de becario en Los Ángeles, en el 1953; los años 60 en Londres; su estada en Washington; y el retorno a España en pleno calvario del 23-F.

Soy consciente del privilegio que supone colaborar en la irrupción del conocimiento científico en la cultura popular.
Cada dos o tres siglos hay una ráfaga en la vida política que permite dar un salto adelante. La transición y la apertura al exterior fueron una de ellas.


La revolución que se acerca

Vamos a ver. Primero pongámonos de acuerdo en las tres o cuatro cosas que realmente han cambiado según los mejores expertos. Es indiscutible que estamos en plena globalización; las clases a las que yo asistía de pequeño estaban compuestas por niños oriundos de entornos extremadamente parecidos. Éramos como dos gotas de agua. Las clases de hoy son tan raras que he oído a un educando norteamericano decir “a veces, parece que he reunido a 30 pacientes mentales”; en realidad son el reflejo de un mundo globalizado en el que ha desaparecido la cultura hegemónica.


La arqueología de las emociones

No me pregunten por qué, pero tengo ganas de reflexionar sobre la arqueología de las emociones básicas y universales. En México, donde estuve hace poco en la fantástica Ciudad de las Ideas, viven los indígenas mazahuas; esta palabra –mazahua– significa en la lengua nahua “gente del venado”. Ya estaban aquí cuando llegaron los conquistadores españoles, pero no son los más antiguos; al contrario, son más recientes y evolucionados que, pongamos por caso, los rarámuris.

Memoria y aprendizaje, claves para percibir la realidad
¿Cómo nos las arreglamos para andar por el mundo? ¿Qué instrumentos utilizamos para aclararnos en un entorno cambiante? ¿Somos conscientes de los recursos de los que disponemos? No me digan, de entrada, que la solución más cómoda es no cambiar de opinión y atenerse siempre al pensamiento heredado o adquirido. Cuando todo cambia, la manera más fácil de ser infeliz es no cambiar nunca de manera de ser o pensar.

Esta obviedad la damos por asumida.
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