Al pueblo Japonés

Amaneció el samurái


 
 

Amaneció el samurái
atravesado por el cristal sucio
de la esencia de la mar, revuelta

viéndole agonizar
tuve muchos sentimientos
además de pena

quiero escribir y veo que me cuesta
porque he visto como le roba la vida
ese mar, que se la da
y por ello vive al lado de ella.


Tinta seca para el guerrero
orgullo de Bushido,
mil veces atravesado se levantó
siempre defendiendo su sitio

ruge con sangre en su boca
porque no le valió su catana
ante salvaje y artero ataque
a sus hijos indefensos
por traicionero oleaje.


Sufren de nuevo
las personas ordenadas y pacíficas
que ya aprendieron desde los hierros
llovidos de la maldad

y allá donde los jardines se mimaban
hasta el extremo,
hoy surgen palabras que dicen: ¿por qué?
porque no queda nada más.


Si vieras como lloran cortados crisantemos
de ojos rasgados
de diez en diez, de cien en cien...

cuando ruge un gong a lo lejos,
para despertar a los dioses
que ahora echan de menos.


Tragedia sin argumento
incertidumbre ante lo que sucederá

la tierra se sacude porque la maltratamos
y lo sufren unas maravillosas personas
que nos han enseñado la perfección
que hay...
en poner en paz a tu cuerpo con el universo
en la forma de servir el té
en contemplar el secreto de la abstracción
con una simple hoja de cerezo.


Aún así, el guerrero moribundo
se coloca en medio de la lengua
que a sus habitantes arrastra

y el rojo que describe su bandera
ahora raya los despojos
que traga a los de su linaje
y estoico, les ata con su sangre

porque si es su hora de morir, ya se verá
y en cuanto a llorar, ya lo hará más tarde.


Pero ve una horda de brazos amarillos
que de entre el carmesí se precipita
tal como ha hecho siempre
este coloso, más bien o más mal,
cuando se le necesita

pues no hay palabras
para describir tal hecatombe

y cuesta encontrar ahora
al menos, un poco de incienso seco
con que acompañar una oración
para este luchador
que enseña a los demás, en los momentos críticos
a estar en su lugar y a ser hombre.


Desde el lugar alto
a donde han ido a enterrar
al ahora honorable,
se ve la huella fatalmente incomprensible
sobre los que sólo quieren vivir en paz

y le dejan descansar
desde el otero

para que les vea reconstruir
esos estanques, de nuevo,
donde iban antes a criar carpas,
meditar sobre los principios de la existencia
y encontrar culpables para los avatares de la vida

porque la verdad es que,
si hay un dios,
por pequeño que sea,
es que no sabe
ni esta es forma, de hacer justicia.

Domingo Sánchez - Loverman.