
Los primeros europeos en observar estas aves fueron los exploradores ibéricos que visitaron el Hemisferio Sur. Ellos las bautizaron como “pájaros niño” o “pájaros bobos” por su andar torpe y erguido, y ser incapaces de volar. Más tarde, cuando los británicos vieron a estos animales los llamaron Penguins (del gaélico penwyn, pen = cabeza y qwyn = blanca), que era el nombre que ellos daban al alca gigante del Atlántico Norte (Pinguinus impennis). Tras la extinción del alca gigante, a finales del siglo XIX, el nombre “pingüino” se perpetuó en las 18 diferentes especies del Hemisferio Sur.
Los pingüinos viven en el Hemisferio Sur, al sur del ecuador. No siempre viven en sitios fríos, uno de ellos vive en las Islas Galápagos donde puede hacer bastante calor. Otros habitan zonas templadas, al menos parte del año. Algunos viven en islas del Círculo Antártico durante el verano y emigran a lugares más templados durante el invierno, a veces nadando miles de kilómetros. Únicamente dos especies viven en zonas muy frías durante todo el año. Habitan las costas de la Antártida, el sur de Sudamérica, Nueva Zelanda, Australia y el sur de África.
Estas aves, como los demás animales, necesitan beber agua. Tienen unas glándulas especiales para eliminar la sal del agua y de los alimentos que comen. La sal se elimina en forma líquida. Fluye a través de unos conductos del pico y la expulsan gota a gota.
La velocidad normal de un pingüino, nadando, es de unos 24 km/h. Esto iguala la velocidad del corredor humano más rápido y supera cuatro veces la del nadador más veloz. Son tan veloces como los delfines.
Los alimentos preferidos de los pingüinos se encuentran a diferentes profundidades. El pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) puede sumergirse casi 274 metros para capturar grandes calamares, bajando a más profundidad que cualquier otra ave.
Información extraída de la enciclopedia ZooBooks y Wikipedia.