Lluvia

los húmedos Hatos secretos de la soledad.


 
 

Cuanta lluvia cae, el cielo bravo transtoca los rumores, los polvos elocuentes. Agua que corre, moja, destruye, inunda las ciudades y los puentes. Cielo llorón, cúpula doliente, encrespada iriente y testaruda.
Lluvia lenta, pacífica, contemplativa. Lluvia que invita a apoyar la savia sobre columnas firmes, reales. Medita cada tranquilo pensamiento en su remanso, meditan, tras la ventana, cereceras, higueras, laureleros..., roseras y árboles del paraíso, y también meditan, húmedos, los hermosos bancos de piedra y el cielo calmo y los sembrados, y meditan los montes recostados en la lejanía, de color perdido. En un momento, que se instaura sin tiempo, se abren puertas profundas, y el interior nos habla de mundos olvidados y posibles. Intuyo con claridad el exceso pesado de todas las dispersiones en la vida, caminos innumerables que recorremos y que no conseguimos aportar la paz que se anhela.
Mientras llovizna he querido leer, he querido escribir, y he leído y he escrito, como en sueños, envuelta en una luz silenciosa, pero lo he dejado todo, al fin en el ritmo y la hondura misteriosa de la tarde.
Inmóvil, sentada en la silla pequeña de madera, instalada en el supremo lujo del silencio, contemplo la serenidad de los espacios, se es el cuerpo de la lluvia, se viaja con la lluvia, me transformo en nogueras solitarias tras las cortinas de gotas y, en la viñas, en sarmientos firmemente unidos a la vid. Hay charcos de agua clara en los caminos que se adentran en los vallejos poblados de pinares en los húmedos Hatos secretos de la soledad.

Lorena Avelar