Amores

Los amores se apoderan siempre de sueños

Intento recordar las veces que el amor ha tocado mi puerta, con el tempestuoso afán de penetrar y revolucionar cada centímetro de la piel y el corazón. Los amores y, aún más el primero que aparece en nuestra vida, tiene cierta similitud con estar embriagado, y al propio tiempo es como estar inmerso en una suprema angustia....Amar, es como sentir la fuerza de tempestades, para después, quizá sentir la calma, y la dicha.
Los amores hay que expresarlos sin miedo, engalardonarlo donde las miradas no alcancen ver un roce sin medida, porque sentir la pasión a escondidas es mentirnos a nosotros mismos. Para qué sirve ir matando demonios con las luces del alba, para qué las montañas sin luces, para qué los laberintos de caminos difíciles, para qué la lucha, la paz o la rendición del sacrificio.

Los amores se apoderan siempre de sueños por donde se pueden hilvanar los desgarrones antiguos sin que las cicatrices no supongan más sangres, ni tristezas. Quizás el humo, las madrugadas en vela al son de caricias y paladares saboreando emociones, aguijones agudos que te laceren, la sonrisa que se pierda detrás de un beso, puedan ser antídotos necesarios para acallar el pecado, el pecado infinito que no sea solo un tiempo, un minuto que se pierda en lechos rotos y relegados, sino, sobre todo, un espacio donde purgar alegrías y tristezas.

Hay que deleitarse con los amores y dejar que penetren poco a poco en las arterias henchidas de sensaciones sin recelo. Amores condenados o perdidos, amores jubilosos y vividos, amores que se dicen, que se sueñan, que se escriben y pronuncian, amores que se guardan en los Hatos secretos y el olvido…

Lorena Avelar