
En este ensayo Norbert Elías aborda el fenómeno de la muerte en la sociedad occidental a partir de la relación de los vivos con los moribundos y con la idea de la muerte.
Su análisis, realizado desde una perspectiva histórica de larga duración, se centra en especial en las sociedades que considera desarrolladas.
La obra si bien es breve en su extensión, debería ser leída teniendo en miras las elaboraciones anteriores desplegadas sobre todo en una de sus obras centrales, “El proceso de civilización”, ya que en cada uno de los planteos de “La soledad de los moribundos” puede leerse de fondo lo expuesto por Elías en sus anteriores trabajos.
Elías inicia su argumentación recordándonos que desde hace milenios la función central de la convivencia social entre los hombres es protegerse del aniquilamiento. No obstante, plantea que las formas de experimentar la muerte difieren de una sociedad a otra y desde su óptica, la respuesta a la pregunta de qué es lo que pasa con el hecho de morir ha ido cambiando en el curso del desarrollo de la sociedad, en sus diferentes estadios, y en cada grupo.
Es importante no perder de vista que en el planteo de Elías desplegado en el proceso de civilización surge que las formas de comportamiento consideradas características del hombre “civilizado” occidental no han sido siempre igual, sino que son fruto de un complejo proceso histórico en el que interactúan factores de diversa índole que dan lugar a transformaciones en las estructuras sociales y políticas y también en la estructura psíquica y del comportamiento de los individuos.
Para el autor a lo largo de muchos siglos se fue produciendo una transformación paulatina que derivó en los comportamientos que conocemos. Por otra parte, a medida que avanza el proceso de civilización se va diferenciando una esfera íntima o secreta y otra pública, de tal manera que se constituye un comportamiento en cada una de éstas.
Esta división se fue convirtiendo en un hábito hasta tal punto dominante que ni siquiera se es consciente de ella. Elías pretende demostrar que la estructura de las funciones psíquicas y la orientación del comportamiento están íntimamente relacionadas con la estructura de las funciones sociales y con los cambios en la relación entre los seres humanos.
Este es un proceso que, para el autor, con variaciones se da en todas las sociedades, no sólo en las occidentales, y aunque no está dirigido racionalmente, ni tampoco es rectilíneo, se observa en él una tendencia a la igualación de las formas de vida, conducta y comportamiento, es decir, a la nivelación de los grandes contrastes. Y lo cierto es que a lo largo de un tiempo extenso, a través de un mecanismo complejo de coacciones y auto‐coacciones y de interdependencias, se fue produciendo una transformación progresiva del comportamiento hasta alcanzar la “civilización” actual.
Es importante no perder de vista que el proceso de civilización supone una transformación del comportamiento y de la sensibilidad humanos en una dirección determinada, pero no de una forma consciente o racional.
El tema de la muerte en soledad recorre todo el ensayo a partir de características del estadio actual abordado desde diferentes aspectos. El planteo es que en el curso del fuerte empuje del proceso civilizatorio que se iniciara en las sociedades europeas hace entre 400 y 500 años cambiaron, entre otras cosas, también la actitud del hombre hacia la muerte y el modo mismo de morir. Morir fue un hecho mucho más público en otra época de lo que lo es en la moderna. Nacer y morir eran aspectos de la vida públicos, sociales y menos privatizados que en la actualidad.
Luego, si en el desarrollo de la sociedad la pregunta por la muerte ha ido cambiando, como así también las ideas que se tienen de ésta y los rituales, que además se convierten en un momento de la socialización, plantea el autor que una característica de las sociedades desarrolladas de la segunda mitad del siglo XX es el desplazamiento desde las creencias sobrenaturales hacia las seculares.
Esto para Elías está asociado directamente con la seguridad brindada por la prevención y el tratamiento de enfermedades como así también la pacificación de la sociedad en el estado de desarrollo actual. En este punto considera que la actitud ante el hecho de morir y la imagen de la muerte en este siglo no pueden entenderse sin relacionárselas con la seguridad y la previsibilidad de este estadio.
“La vida se hace más larga, la muerte se aplaza más.
Ya no es cotidiana la contemplación de moribundos y de muertos. Resulta más fácil olvidarse de la muerte en el normal vivir cotidiano”.