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Cuando hace unos años mi amigo Claudi tuvo un brutal accidente de moto que le afectó parcialmente la médula espinal, todos pensamos lo mismo: Pobre chaval! Qué mala suerte! Quedó sentado en una silla de ruedas a la edad de 36 años. Pero es que 2 años antes del accidente lo habían echado del trabajo y, unos 3 años después, tuvo otro accidente con un coche que conducía adaptado para minusválidos dando una vuelta de campana en medio de la autopista... Qué mala suerte!
Cuando yo tenía 14 años, un día subí a mi pequeña Vespino a mi hermanito de 5 años (qué imprudencia!) y bajando por una calle de la urbanización choqué contra un vehículo que subía; mi hermano fue a parar volando sobre el capó del coche y yo no recuerdo nada más... Desperté en el hospital y posteriormente estuve 3 meses andando con muletas. El año pasado, en 2.008, me despidieron de mi trabajo en una entidad financiera después de muchos años en ella. Ello menguó mis ingresos de manera extrema, hasta el punto de que entré en una fuerte depresión de la que me costó mucho salir. Lo tenía todo y de repente empecé a sufrir por el futuro de mi familia, compuesta por mi esposa y dos hijas pequeñas. Qué mala suerte!
¿Existe alguna ley no escrita que regule el grado de suerte que una persona va a tener a lo largo de su vida?¿Hay personas que siempre tienen suerte y las hay que siempre tienen mala suerte?¿La suerte depende de nuestras acciones?¿Depende de nuestra confianza?¿Al final de nuestra vida la suerte queda siempre equilibrada al 50% entre la buena y la mala?
Yo creo firmemente que todo lo que nos pasa tiene siempre su parte positiva y su parte negativa. Es cuestión de saber dar a los hechos la lectura correcta; es importante el estado de ánimo, el optimismo o el pesimismo, la buena o la mala salud. Son importantes las circunstancias: cuando el Barça o el Real Madrid empatan un partido con el colista de la tabla, evidentemente es un mal resultado para ellos; pero si han ido todo el partido perdiendo y empatan en el último suspiro del partido, lo más seguro es que lo vean de otra manera y se vayan contentos a casa. ¡El resultado ha sido el mismo pero las circunstancias del mismo no! E incluso podemos preguntarnos: ¿han tenido suerte de empatar al final?¿O bien han sido lo suficientemente constantes para no rendirse? Probablemente la respuesta sea una combinación de ambos conceptos, suerte y constancia, pero me niego a aceptar que la ponderación sea al 50% entre ambos. Yo lo tengo muy claro: ¡¡El grado de suerte obtenido a la hora de alcanzar cualquier objetivo es directamente proporcional al grado de constancia, esfuerzo y confianza invertidos en conseguirlo!!
Cuando no nos ha tocado la primitiva por un sólo número no hemos tenido mala suerte: simplemente no ha sido el número que queríamos. Cuando sacamos un 4,95 en un examen no hemos tenido mala suerte: simplemente no teníamos los conocimientos necesarios para sacar un 5 y aprobar. Cuando me despidieron del trabajo no fue mala suerte: fue un cúmulo de circunstancias que quizá podría haber evitado. Y cuando mi amigo tuvo el accidente en el que quedó semi-paralítico no tuvo mala suerte: tiene suerte de seguir vivo. ¿Y en mi caso, con la moto? Yo sigo vivo y mi hermanito no se hizo ni un rasguño al caer sobre el capó... Esta es la visión que hay que tener. Siempre apelamos al concepto “mala suerte” cuando queremos ocultar o justificar nuestras carencias o, cuando el pesimismo y la falta de confianza que anidamos en nuestro interior nos impiden lograr aquello que anhelamos.
Así pues... ¿será al revés y en realidad soy un tipo con suerte? No sé: tengo 2 hijas preciosas, tengo casa de propiedad y no tengo hipoteca, estoy bien de salud (tengo el tema de la depresión muy controlado), tengo amigos y ganas de vivir. Si miro hacia atrás también encuentro episodios afortunados, sobre todo el día que Claudi (otra vez él!) y yo, subiendo la montaña del Ngorongoro (Tanzania) en una todoterreno conducido por un conductor nativo, chocamos contra un enorme camión sin frenos que bajaba a toda velocidad y nos quedamos colgando al borde de un precipicio. ¡Como en las películas! Tuvimos que ir saliendo por la ventanilla del copiloto (era un vehículo como la furgoneta del Equipo A, sin puerta a la derecha) y tal como salíamos del mismo (en total éramos 8 personas) nos íbamos sentando en el capó para hacer contrapeso y que el vehículo no cayera al vacío. ¿Suerte? No sé, pero lo que es seguro es que Claudi y yo tenemos un problema con los vehículos con motor...
Pues con este historial Claudi y yo hemos decidido hacernos socios y montar un negocio de venta de camisas y polos de buena calidad por Internet denominado “República Catalana”!!! El nombre es sugerente y lo único que buscamos es que aquellas personas que se sientan catalanas de verdad puedan ponerse nuestras prendas y ello les haga sentirse orgullosos de sus orígenes, de su tierra, de sus costumbres, de su cultura...
¿Triunfaremos? Estoy seguro de que sí. Ambos nos hemos leído “El secreto” de Rhonda Byrne y “La pelota no entra por azar” de Ferran Soriano y después de hacerlo hemos llegado, parafraseando a Obama, a la misma conclusión: yes, we can! Tenemos confianza absoluta, deseamos triunfar y vamos a poner nuestra vida en ello. Nos compenetramos bien, seguimos vivos y ya nos toca empezar a ser felices de verdad. Nos dedicamos a un trabajo apasionante, que requiere un gran esfuerzo comercial pero lo hacemos con ilusión, nos llamamos cada día para comentar novedades, por ínfimas que éstas sean. Sabemos que tenemos un producto innovador y único en el mercado, que quizá por su nombre provoque algún rechazo (que lamentamos porque no es lo que buscamos, sólo nos interesa loar lo nuestro sin valorar lo de los demás), pero por otro lado provoque esperanzadas adhesiones.
¿Y si, dada nuestra experiencia, tenemos mala suerte? Imposible!! Si no conseguimos el éxito será porque no nos hemos esforzado, no hemos asistido a actos importantes, no hemos realizado una buena labor comercial, no hemos dedicado tiempo, etc. Recomiendo el libro “Vivir sin jefe” de Sergio Fernández. En él expone las claves para triunfar desde el punto de vista de evitar cometer errores imperdonables; entre otras cosas expone que hay que sentir pasión por lo que uno hace, creer en uno mismo, tener confianza y saber transmitirla, tener claro el proyecto y saber vender. En ningún momento habla de “tener suerte”.
Guillem y Claudi
www.larepublicademoda.cat
Claudi y yo tenemos claro que, después de nuestras vivencias pasadas, ahora es nuestro momento y vamos a vivirlo Nuestro éxito dependerá de nosotros y de nuestros clientes. Por nosotros no quedará...