Amardozado el viento de mi cuerpo,
busco un viento infantil para reformarme,
un viento decido a darme lumbre,
raíces para enraizarme al viento
y ser viento cuando quieran estrangularme,
o anhelen matar la luna en mi sangre.
Quiero dar mi voz al aire y que lo sepan todos,
como se sabe una mañana o una tarde,
mi memoria es mi propia profecía,
mi corazón es un corazón puesto en fuego,
lo que siempre quise decir,
lo diré ahora sin avergonzarme,
sin voltear y mediar con el pasado
o añorar lo que dejó de vivirme,
lo que no viví por temor a equivocarme.
En mí se gesta una metamorfosis,
una conversión parecida a las semillas,
si soy mutismo empedernido, seré húmedo canto,
si soy brusca sequía, seré sanguíneo aguacero,
si soy un triste remedo de hombre,
seré hombre completamente conjugado.
Lo que nace de mí no tendrá orillas,
rebasará el silencio, crueles sombras,
lidiará con los cuchillos, se reirá de las espinas,
cantará viril bajo la lluvia, cómplice con las ranas,
encenderá otros himnos en las hojas chamuscadas,
errará en pájaros augurales y en las aguas,
y no reclamará consideraciones estatuarias.