La jubilación

una suerte que no merece.


 
 

Esta espera me está matando, me desquicia verte tan tranquilo sin sospechar absolutamente nada, ocupado en repasar el único caso del día, una pelea de vecinos que no han llegado a las manos gracias a tu intervención, les has hablado con tu natural seguridad y les has convencido de que si no se soportan lo mejor que pueden hacer es ignorarse, que las agresiones verbales llevan a las físicas y que al final todo el mundo acaba lamentándose. Como he envidiado siempre tu capacidad para manejarte en situaciones complicadas. Sin duda eres un buen poli, el mejor compañero que he tenido, y ahora que estás a punto de jubilarte tenía que pasar esto, es terriblemente injusto. Me entran ganas de explicártelo todo para darte la oportunidad de huir, de alejarte lo máximo posible de esta comisaría, pero estoy demasiado implicado, ya no hay marcha atrás.
-¿Sabes Gutiérrez lo primero que voy a hacer en cuanto me jubile?, me voy a ir con mi mujercita de viaje a París. Con lo romántica que es María le va a encantar.
-Si, es una buena idea, ahora vais a tener mucho tiempo para estar juntos.
Tu mujer es una bruja, una víbora de la peor especie que ni por asomo sabe lo que es el romanticismo, pero tu la amas sin condiciones, soportas estoicamente cada una de sus mezquindades e incluso la disculpas cuando se pasa de la ralla. Esa mujer tiene una suerte que no merece. Como todos los que tratamos contigo.
-Pero antes tendré que ponerme a dieta, con mis 120 quilos de peso no sé si me van a dejar subir al avión.
-Sí García, no te vendría mal perder un poco de peso.
No lo soporto más, me están entrando ganas de gritarte que no vas a poder realizar ninguno de tus planes, que antes de que acabe el día vas a tener que probar un trago muy amargo. Pero he de tranquilizarme, ya nada se puede hacer.
¿Cómo es posible que esto te pase a ti?, a ti que ni siquiera llevas pistola, dices que sólo causa problemas, que la palabra es un arma muchísimo más poderosa y es cierto que te he visto utilizarla con gran éxito para resolver todo tipo de situaciones. Recuerdo como en el primer servicio que hicimos juntos me impediste que cosiera a balazos a un tipo que nos amenazó con una navaja, yo era demasiado joven y estaba muerto de miedo.
Opinas que los delincuentes a los que perseguimos no son más que pobres diablos dignos de lástima, no comparto tu visión pero he de reconocer que sabes cómo tratarlos. Eres un charlatán sin remedio que no puede dejar de expresar cada uno de su pensamientos. Y en estos momentos soy yo quien no puede dejar de revivirlos, como en aquella ocasión en que me comentaste:
Gutiérrez, ¿sabes a quiénes metería yo entre rejas?.
No.
A banqueros y políticos, pero esos tipos listos no están a nuestro alcance ¿verdad?. Pues son los delincuentes más peligrosos. Fíjate en este pueblo, nunca había visto a la gente tan angustiada como desde que abrieron tres nuevas oficinas. Cuantos más bancos menos alegría. Alguien debería ponerles freno.
Ya, pero nosotros no podemos.
Tienes razón, a veces creo que incluso nos dedicamos a protegerlos.
Eres el poli más raro que he conocido en mi vida.
Bueno, quizás es que necesito desayunar, vámonos al bar, después de un bocadillo de jamón y de una tapa de calamares me sentiré más optimista, déjame invitarte flacucho, voy a tener que cuidarte más, estás en los huesos.

Todo se torció aquel fatídico día en que nos llamaron de la casa “Extasis”. La patrona del local nos avisó de que Sebastián, el hijo pequeño de la familia más influyente del pueblo, le estaba dando una paliza brutal a la Vane, una de tus preferidas. Cuando llegamos, el agresor se encontraba en el bar bebiendo tranquilamente unas copas, mientras en una de las habitaciones la Vane se mecía encogida en un rincón con la cara totalmente desfigurada a causa de los numerosos golpes recibidos. No lo dudaste un segundo, la dejaste al cuidado de sus compañeras y te dirigiste furibundo hacia el agresor:
-¿Por qué la has pegado?. ¿Qué te ha hecho esa chica?. ¿Has visto cómo la has dejado?.
El muy desgraciado te miró con los ojos enturbiados por el alcohol y sin inmutarse soltó:
-Pero a qué viene tanta bulla si sólo es una puta.
Aquellas palabras bastaron para transformarte por completo, en cuestión de segundos se tensaron todos los músculos de tu cuerpo y sin pensártelo dos veces le propinaste un violento puñetazo que lo dejó inconsciente y miserable sobre la sucia moqueta del local.
Yo sabía que aquello nos traería problemas, la única vez que pierdes los nervios en tantos años de servicio y tenías que hacerlo precisamente con ese tipo. Dos años después me encuentro esperando que ocurra lo inevitable mientras tu te dedicas a contarme trivialidades sobre lo plácida que va a resultarte la vida a partir de ahora. Será muy diferente a como te la imaginas y todo gracias a mi traición. Espero que algún día entiendas lo que he hecho cuando esta misma mañana he pasado a buscarte y con la excusa de que necesitaba ir al lavabo he entrado en tu casa. Pero es que esa familia sabe como presionar García, incluso amenazaron con dañar a mi único hijo si no lo hacía, no me han dejado alternativa. Quizás con el tiempo seas capaz de perdonarme.
-Vaya quién será a estas horas. Gutiérrez ¿Puedes descolgar el teléfono?.
-Sí, sí, está aquí conmigo.
-¿Quién es?.
- Alguien que pregunta por ti. Dice que ahora mismo viene.
-Pero, ¿de quién se trata?.
-Lo siento amigo. Están a punto de entrar.
-¿Qué dices? .
-¿Inspector García?.
-Si soy yo ¿qué ocurre?.
-Brigada de estupefacientes, queda usted detenido por posesión de drogas. En la entrada y registro practicada en su domicilio hemos encontrado el alijo desaparecido, ahora voy a proceder a leerle sus derechos: tiene derecho a ser asistido por un abogado, a no confesarse culpable a….

Carmen Tomás