El ánimo

Que se renueve el ánimo


 
 

Es importante que se renueve el ánimo cuando se ha andado mucho y los pies se sienten cansados de tantos tropiezos. Cuando se han estropeado los pasos andariegos y la subida es una cuesta pesada que vemos interminable, aunque sea pequeña.

Hay que mirar hacia arriba, buscar algodones sobre azules en las montañas bajo el acero del pájaro sin lumas. Ahora, de pronto, se detiene el sueño del aire para soñar paraísos de arquitecturas ingrávidas al borde del abismo. Humos, rememorando la lluvia de las horas, que siguen espantando el dolor de las cicatrices calladas.


Tenemos que encontrar el camino sin fin, hacia la cita eterna, adormecida aún por los gavilanes del placer, en una sonata y fuga de soles que se mueren en los días donde el amor resiste el suicidio de la abundancia ausente. Hay que acertar adalides dorados sobre nubes errantes y suicidar el dolor de los deseos extáticos.


El ánimo, es la escalinata hacía la gloria de trasuntos herejes dormidos en los sacrosantos confines de los mármoles fríos que huelen a muerte. Ahí, donde no concurren los cantos celestiales, donde se pierden las parábolas ermitañas de olvido y salitre, enmohecidos de garras perenes.


El ánimo sucumbe al límite del abismo, cuando falta el coraje de transformarlo en auroras boreales, en luces que dancen con música interminable, cuando la fuerza y valor del espíritu no tiene el impulso de retroceder y escapar de los limbos que duermen y los Hatos secretos se quedan callados para tornarse en júbilo cuando despierten.

Lorena Avelar