Amanecer

que me toma de la mano…


 
 

He visto amanecer desde aquí arriba, mirando el campo y el pozo de una vieja ruina, al lado de un pórtico milenario y oxidado. A la noche le apareció el insomnio cansado y quiso ver a primera luz la vida de este lado del tiempo.

Las horas son sonámbulas cuando se intenta conciliar el descanso, y la mente da vueltas en ideas infinitas de todo lo cotidiano. He llegado, dejado el hueco; aquí la soledad en las riberas acariciadas y transeúntes, el reflujo del albor apareciendo campo abajo, veo todo verde y añil, preámbulo de una primavera que está a punto de acariciar este recinto campirano.

Amanece despacio, las acuarelas tornasoladas buscan su espacio, y mis ojos cansados, inflamados de nuevos territorios, se maravillan de todos los rincones, de este silencio absorto y espeso que conmueve mi ánimo. Hay un pequeño vacio que no habla en el techo de mis recuerdos, en la máscara de bronce y azufre de las risas que dejé al otro lado del mar, en los bordes que acariciaban mis tardes

La noche se queda sin palabras, ha desaparecido el gris obscuro luego del vaticinio rojo de las sábanas húmedas de amor y sexo. Y la ventana abierta se ilumina del claro oscuro de Les Franqueses, con un rotundo inicio risueño. He roto con todo mi pasado, y veo amanecer con un astro gigante apenas matizado, es el nuevo día que resplandece como un punto específico de ensueño, esperanzas robadas al futuro, un ave chifla al lado y la primavera comienza a imprimir sus bondades en los Hatos secretos de esta mañana que me toma de la mano…

Lorena Avelar