
Presiento un cielo seco y gris por la ceniza desmembrada en el aire, polvillo de volcán, favila y fiebre entre penumbras. La tierra brama, arde desde su interior arremetida, furiosa y asustada. Solloza en los muros del espíritu que busca disfraces de viento y agua. La fuente ya no mana distancias de soledades rojas: se rompió el plebiscito de los ojos en miradas, en círculos.
Sangra el volcán, rojas sus fauces hambrientas y los labios se amoratan de barro y cieno, rezuma salivas por entre las uñas convertidas en garras, se quiebran las madrugadas altivas en gritos de insolentes insomnios burlados a la noche. En sus entrañas musita un monstruo que ríe carcajadas siniestras, es un camaleón que se viste de odre para escapar de las iras naturales que se rebelan en los polichinelas de los escenarios geográficos. Sombras y luces en parihuelas de cielo quemado, el ambiente huele a humo y la naturaleza se avergüenza del estrago que destruye la voz limpia que busca cariátides huecos
El gallo ha cantado amaneceres para encontrar los paraísos prometidos, sigiloso, para no despertar al dios del fuego y que los aeroplanos sigan su curso, sin tregua, planeando territorios intermedios para no perder el aire en el que se depositan las sábanas de algodón compungidas tras las ráfagas de humo y cenizas.
No hay territorio prohibido: sólo regiones en los que las manos se juntan para evidenciar la pasión de sentirse, sencillamente, virtuosos. La ceniza sabe a plomo y a carbón color de cuervo, que grazna lamentos de tierra en su borde volcánico; canta misterios en su letanía, no se entiende bien el eco de su mensaje en las alborada de pasión y fuego…Ardor que se vuelve lumbre, pavesas hechas cenizas, cenizas que se hacen nube, nubes que se vierten en los Hatos secretos del éter preñado de oscuro....