
Es interesante pensar en los grandes acontecimientos que se viven en el mundo, en este sistema tribulador que nos aprieta y tritura con sus aspas filosas y ofensivas. Es importante un toque reparador que unifique y reanime nuestro entusiasmo. Ya es tiempo. Ya es tiempo de que el esférico se eleve girando a hacia los cielos y caiga en el cancha de juego como un presagio. Es tiempo de que la afición se pronuncie eufórica, y el mundo del balonpie muestre su garra en el campo.
Todo el pueblo está reunido en la selva, en la tierra donde el león es rey, es calor y es campo, gente de oscura piel y arrebato.
Las islas están muy cerca: conoces su leyenda. Las señalas con la mano y me cuentas lo que no sé. Son las islas de las sirenas que vigilan la ruta de las llanuras. Dicen que su canto puede escucharse, pero exige un riesgo. ¿Qué habrán sido esos rumores? No sé si en realidad los escucho. Son los jóvenes del antiplano Igoli, gamberros y estudiantes, ganapanes y camareros (¿gigolós estivales?), juegan con esa fuerza nerviosa, esa rapidez muscular \", “ese garbo”.
El esférico une, y reclama su arco. En las inmensas llanuras de Sudafrica, donde nos volvemos pequeños ante las poblaciones animales más grandes, más salvajes. Paraiso en otro tiempo de los cazadores blancos, hoy sólo disparan las cámaras en lugar de las armas., la isla de las especias, llena de exotismo y rodeada de las aguas perfumadas del Limpopo.
En Sudáfrica se respiran aires de cautela y optimismo, mientras \"la nación del arco iris\" se prepara para escribir el capítulo más importante de su breve historia futbolística. Antes de que la lluvia de junio arrecie y los Hatos secretos se pierdan por la llanura y su hábito.