
Era el tercer dia desde que habíamos naufragado en aquella isla misteriosa. Durante estos tres días habíamos caminado en línea recta , todo era vegetación en aquella jungla, habíamos sobrevivido con lo que habia quedado del barco en la playa, pero no nos quedaba mucha comida ni tampoco agua. Cuando de repente escuchamos un ruido, todos los hombres que estaban con nosotros, sacaron las armas. De repente desapareció un hombre y seguidamente escuchamos un grito ahogado y así con cada uno de los hombres, sólo quedamos tres: Iván Pling biólogo, Díaz Martines investigador y yo Luca Pío escritor. Habíamos naufragado en el intento de llegar a Australia pero una tempestad nos lo habia impedido y estábamos en la playa de aquella misteriosa isla. Estábamos solos en medio de la jungla con algo que nos intentaba matar . Rápidamente cogimos las armas del suelo y cada uno apuntó encima de nuestras cabezas. De repente salió una enorme serpiente, lo primero que hicimos fue disparar pero de repente la serpiente se cayó al suelo antes de que las balas la tocasen, muerta. Luego saltaron al suelo dos de nuestros hombres: Claudius Guitos y Leonardo di Carpa tripulantes de nuestro barco. Claudius tenia en su mano una espada llena de sangre y los dos estaban heridos. Al poco tiempo ya estábamos comiendo carne de serpiente. Al día siguiente continuamos caminando, cuando más caminábamos más ruidos escuchábamos sobretodo cantos de pájaros y pequeños animales. Encontramos un claro y decidimos acampar allí . Conseguimos ver a unos animalitos como ti-tis gracias a los prismáticos de Iván Pling que los llevaba siempre encima, decidimos bautizarlos Mitis. Yo me sentía observado pero no sabia por quien ni que. Dejé de pensar en ello, solo tenia en mi cabeza como encontrar el secreto de la felicidad, pero teniamos tantas cosas que resolver y hacer que no podia concentrarme. Al cabo de un rato me llamaron mis compañeros y dijeron que les ayudara a montar unas tiendas improvisadas, estaba oscureciendo rápidamente. Cuando de repente vi una flecha que iba justo en mi corazón y Díaz me aparto con una mano y se le clavó la flecha en su corazón, antes de morir nos dijo:
- “Comeos mi cuerpo ya que no será mío, os ayudarà a sobrevivir.”- Y murió.
Todos lloramos por su muerte, pero hicimos lo que no pidió y nos comimos su cuerpo. Durante aquella tarde- noche no quedo rastro de flechas ni nada por el estilo. La mañana siguiente recogimos el campamento improvisado i continuamos caminando por aquella jungla arrastrando los pies y callados por tristeza de la muerte de Díaz. Yo fui el primero de hablar y dije:
- “Ya nos lastimamos demasiado por la muerte de Díaz pero no podemos seguir así nos moriremos. Tenemos que ser fuertes, continuar con nuestras vidas y dejar de lastimaros. ¡Nosotros podemos!”-
Todos me hicieron caso y continuamos la caminata con un poco más de ánimo y disfrutando del paisaje, pero de repente nos encontramos delante de una casa muy moderna, decidimos llamar a la puerta. Nos abrió un mayordomo preguntándonos que queríamos, nosotros le explicamos nuestra historia, él nos dijo que nos teníamos que esperar y le hicimos caso. Volvió y nos invitó a entrar en la casa. Era más bonita por dentro de lo nos pudiéramos imaginar, había serpientes gigantes disecadas y también cabezas de otros animales que no conocíamos. El mayordomo nos condujo hasta una gran sala de estar llena de cuadros y animales disecados, en una gran butaca habia sentado un hombre con un albornoz y fumando una pipa. Se presentó y nosotros también además de explicarle nuestra historia, cuando escuchó lo de la flecha no dijo que era un indígena que vivía en la jungla y no la quería compartir y que la serpiente era su mascota. Llamó con una especie de radio a un barco que estaba por zarpar en ir a Australia y que nos recogiera en su isla para llevarnos hasta ella. Le dimos las gracias y al cabo de unos días llegó el barco y en pocos dias llegamos a nuestra destinación.
Ahora sí que puedo decir que encontré mi secreto de felicidad, vivir aquella aventura y volver a casa.
Aún recuerdo aquella aventura con nostalgia aunque hayan pasado muchos años es una de aquellas aventuras que nunca olvidaré.
Clàudia Martí Fernandez-11 años