
Cuándo Marta Montero González, de 34 años, reflexionó estudiar shiatsu, pensó que sería bueno para su ‘cuerpo y espíritu’ tener contacto físico con la gente. Ella también pensó que sería una “apertura” a nuevas oportunidades, pero lo que encontró impactante enseguida era algo mucho más…rutinario: “es esencial que el paciente lleve calcetines limpios,” dice, “limpio es un adjetivo importante durante la sesión”.
La primera vez que Marta se enteró sobre shiatsu fue a través de una amiga que estaba terminando el 3º curso. La amiga, Mayte, estaba buscando gente para completar sus prácticas e invitó a Marta a una de sus sesiones para ayudarla a ‘equilibrar su cuerpo con el movimiento del ki (energía)’. Sin embargo Marta no esperaba que Mayte fuera a identificar su estado de ánimo tan rapidamente. “Yo estaba baja de ánimos”, explica Marta, “y Mayte lo reconoció intuitivamente”.
“Mayte empezó a presionar, con sus pulgares, todas las partes de mi cuerpo”, continua. “Era una experiencia diferente y noté que tenía más energía después de la sesión. También me sentí más ‘expandida’ espiritualmente”.
A Marta le gustó tanto la técnica y el ambiente que decidió que quería matricularse en el curso. “Yo quería aprender sobre temas de salud y hacer algo nuevo”, explica.
Marta paga 145 euros al mes, por su curso, en la Escuela Clínica Amigos del Shiatsu. Su clase tenía diez personas, al principio, pero dos lo dejaron porque ellos pensaron que no tenían aptitudes para el curso.
Le gusta mucho el grupo y se siente contenta aunque piensa que “el centro necesita más salas porque hay muchos alumnos y, algunas veces, hay dificultades para hacer reserva de sala y poder practicar”.
Por otra parte, Marta siente que la calidad de los profesores es muy buena porque ellos tienen mucha experiencia. “Tenemos buenos apuntes en clase y cuándo, por ejemplo, yo no estaba segura de algo porque un paciente tenía achaques y dolores, tras una sesión, me reafirmaba saber y escuchar de mi profesor, que era normal por el movimiento del ki”.
“Además, con frecuencia, me encuentro con compañeros los viernes por la tarde para hablar sobre teoría e intercambiar ideas. Es gratificante practicar con ellos porque aprendo más, me dicen lo que se puede hacer para mejorar”.
De esta manera, Marta ha descubierto que tiene que aplicar presión de una manera diferente entre hombres y mujeres. “Los hombres, generalmente, necesitan más presión mientras que las mujeres tienden a ser más sensibles, sobretodo, en la zona abdominal”, dice.
Marta se sorprendía por descubrir las experiencias de cada paciente: “cada persona es única y responde a lo que estoy haciendo de una manera, ligeramente, diferente. Normalmente trabajo mejor cuándo tengo una relación más estrecha con la persona porque siento más confianza. Pero, creo que, cambiará con el tiempo y con la práctica…
Por otro lado, la mayoría de los pacientes destacan el calor de mis manos y dicen que se sienten más relajados , tras la sesión.”
Una parte del shiatsu es ciencia y es necesario aprender la anatomía de huesos y músculos. “Necesito estudiar, muy concentrada, en estos temas”. Otra parte, es muy espiritual. Marta trabaja, intuitivamente, con sus manos y busca conectar con sus emociones durante la sesión.
También ella estudia y baila danza oriental, como hobby, y ve la relación entre ellas y sus pacientes como simbiótica. “A medida que la sesión avanza siento como si entrara en un ritmo con el paciente, y que nosotros entramos en un baile juntos”.
Marta está creciendo en confianza y espera que sus sesiones mejoren en calidad y que aprenda lo máximo posible para poder hacer diagnósticos y tratar sus propias dolencias y la de los demás.
Ella está alegremente sorprendida porque ya “puertas” se están abriendo para ella. “Me han aceptado para ‘practicar’ en un centro de estética y terapias , la semana pasada”, concluye. “Me da mucha motivación para estudiar y finalizar mi curso”.
Marta Montero. Mail: martix1974@gmail.com