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¡Oh, ese grito en la noche...!
¡Líbrame de esa negra penicilina!
¡Ese grito desde mis pozos profundos!
¡Date prisa, tápalos, por favor!
¡Ah, agazapado grito
germinando en mis vísceras...!
Ayúdame a salir de ahí.
Arráncame ese grito
que corroe mis pulmones,
que destroza mis entrañas,
que se descuartiza dentro de mí.
No esperes a que mi muerte
sea sólo ese grito sin esperanza.
Inténtalo, aunque no llegues
a comprender que, desgarrado,
tan sólo soy ya el propio grito.
15-VI-'80.
Del Cuaderno de Selene.