
Latigazo en la pared encalada
te eriges en ofrenda desnuda
bajo tu larga cabellera rubia
por los rayos del sol asaeteada.
Y yo, pescador de perlas
con sonajeros de ilusiones,
del rojo de tus pezones
llevo boca y manos ebrias.
6-II- \'81.
Del Cuaderno de Selene.