
Como una lanzadera cósmica
entrecruzando el telar de los luceros
trenzando a placer el tiempo
ritmándolo en tejido esponjoso
poniendo aquí y allá un roto de color
y quietos agujeros de silencio
alargando los hilos musicales
hasta límites imposibles
y entonces David Gilmour
se emborracha de estrellas
y su guitarra se fragmenta
en mil cadenciosos cometas
que se van perdiendo
sin horas perdiendo
en los vacíos siderales
donde queda polvillo
eternamente vibrante
resonando acústico
retumbando de astro en astro
cadenciosamente rebotando
en infinitesimales constelaciones
Y cuando el universo está ya preñado
de armonía estalla el trueno musical
y rotas todas las mensuras estelares
se desploman desvanecidas gotas
condensándose en " fluido rosa " .
11-2-91.
Del Cuaderno de Sedimentos.