
Alrededor de las murallas
y las fuertes torres de Tarifa
nubes niñas y espumas de agua
se entretienen tiñendo
todo el horizonte de malva.
El sol, celoso del océano,
nada hasta el puerto
y se extiende sobre la villa
lamiendo sus muros encalados
y dejando breves sombras:
recuerdos sobre la playa.
Las gentes se han puesto,
despaciosas como la tarde,
una sonrisa festiva,
ignorantes de los geranios
que esperan sin saberlo
a alguien que convierta
sus flores en mariposas
para seguir, como los delfines,
a los pájaros mar allá;
mientras beben, silenciosos,
lánguidas brisas marinas.
Los barcos ya se han perdido
por la calma de la tarde plana,
disimulando un recuerdo de lluvia
que no llegó a mojar las caras
cautivas de un horizonte exótico:
ahí mismo, enfrente: África.
Mayo `79/1-I-`94.
Del Cuaderno del Sur (Poemas andaluces en Semana Santa).