
Paralizaron las mariposas
su vuelo y la arena toda
quedó cubierta de locas flores.
Al mediodía lucía tu piel
desnuda con fulgencias de miel
y ante tan mágicos resplandores
detuvieron su movimiento
y vistiéronse de terciopelo,
y vueltas espuma, las dunas,
a coro hicieron un ruedo
de oro en cuyo exacto centro
bruñíase tendida tu figura.
Y por venir a verte la brisa
movía las ramas en su prisa,
y vuelta sábana dulcísima
tendiose a acariciar tu cuerpo,
devorada de anhelo secreto
y ya por tu belleza herida.
Mayo, '79.
Del Cuaderno del sur (Paisajes andaluces en Semana Santa).