Camino

en la sequía de tu boca


 
 

Tu caminar no precisa horizontes,
tampoco los desiertos orillan tu retina.
Sin embargo tus dedos cazadores son
de huérfanas miradas que se hunden
en aquellos cuencos que socavan esas manos,
manos en que por una vez habitan distancias,
lejanías donde todo sucede.
Allí donde todo sucede
y donde no hay hora de llegada ni tampoco hora de partida.
Es cuando despierta dentro la quietud sabida
en que vives.
Es cuando dejas tus pestañas en el sumidero profundo,
en la sequía de tu boca
y paseas por calles agrietadas
para sanar la cicatriz de tus labios.
Lo demás es otra historia...
Sencillamente otra historia,
otro camino
que regresará como los días.