
No puedo
dosificar el amor,
ni desandar lo andado.
Soy un camino,
hijo de la luz, por el que transito
como una sombra sedienta.
Un bosque de árboles sin hojas,
de ramas oscilando
como frágiles equilibristas,
la nada,
desdibujándose
en mis entrañas de fuego.
La razón mineral
de la materia que sostiene al mundo,
hundiéndose
en el yo más profundo
que me rodea, como una serpiente
de caricias y tinieblas.
La certeza de la verdad
se vuelve espesa, me penetra,
lentamente...
me sumerjo en ti,
muero de luz, en el confín
de tus horizontes.
Te reconozco, -tus espacios
son caminos-
-Silencio
un silencio sublime
de paradojas y sinrazones:
un simple cuerpo caído en la batalla,
víctima de tus besos
y tu ternura
que me disuelve
hasta el infinito.