
Cuando el Sol extiende su poder dorado
cada mañana sobre el manto marino del alba,
un cálido susurro de palabras color malva
me llega siempre entre las olas, cuando, varado,
me siento pobre y desnudo frente al mar en calma.
Anoche la luna apuntaba al espejo de la bahía,
con ella fui cómplice de sueños e inquietudes
y en el refugio de sus brazos en la noche de plenitudes
sentí como su corazón hace nacer la poesía.
Calella, Llafranc, Begur ... en su cofre de arenas
conservan los recuerdos azules de la infancia,
y su alma guarda la canción de las sirenas
cuando contempla serena el mar en l distancia.
Quisiera contemplar con ella en las tardes
como se abrazan la playa y el mar en Sa Riera,
ambos envueltos en la incesante ola dondequiera,
con la fuerza del viento que sólo temen los cobardes
y envejecer con la infanta del mar sin temor vano.