Amante del Ensueño

Mi amante del ensueño, mi compañero.


 
 

Las montañas al atardecer en otoño, esa mezcla de colores cálidos que a medida que cae el sol comienzan a dormitar a la vez que despiertan los animales y seres de la noche.
Siempre me ha gustado observar las montañas desde esta roca, veo ante mí la naturaleza en su esplendor y permito que todo lo de que me preocupa quede atrás.
Hoy vengo porque me siento sola, tengo amigos y gente que me quiere, pero quiero alguien con quien compartir mí día a día. He tenido grandes amores, principios de romance y amantes, pero por alguna u otra razón todo acaba. Quiero alguien especial, con quien formar un hogar, hablar, viajar y sonreír cada mañana. Siento que ya ha llegado el momento de dejar atrás la vida en solitario.
Ahora estoy sentada en mi lugar de poder, siento como mi fuerza crece. Las montañas con su fortaleza de tantos años, tantas vidas. Alzo mis brazos con los ojos cerrados y una sonrisa en mis labios. Quiero el hombre perfecto para mí!! Quiero encontrar a aquel que caminará a mi lado, cuidara mi corazón y me abrazara mientras sueño!!.
El eco de mi voz se desliza entre las montañas, veo un águila aparecer y ejecutar un vuelo como una danza victoriosa. Me han escuchado.
Duermo desnuda con las sabanas amoldándose a mi cuerpo. Abandono mi cuerpo físico y entro en el ensueño. Al principio no encuentro nada que llame mi atención, más ahí delante hay una sombra que parece humana. Me acerco, un hombre alto de cabello largo y ojos profundos.
Te esperaba, me dice. Llevo tanto tiempo buscándote.
Como escribir las sensaciones, como transmitir la alegría de un encuentro que va más allá de toda razón lógica. Lo reconocí.
Me acerco a tocarlo primero tímidamente, pongo las manos en su pecho y subo hacia el rostro como si quisiese verlo a través de las yemas de mis dedos.
Él sonríe, me abraza suavemente pero con fuerza y noto sus manos subiendo y bajando por mi espalda. La ropa nos sobra, no sé como pero ha desaparecido, estamos desnudos uno en brazos del otro como dos náufragos aferrados a una tabla.
Me mira y siento su mirada entrando a través mío, en ese instante dejo de ser yo, dejándome arrastrar por la pasión.
Nuestras manos recorriendo cada detalle de nuestro cuerpo y nuestros labios besando el mismo camino. Se unifican los alientos, el fuego de nuestros sexos se incrementa. Sé que mi cuerpo tendido en el lecho se remueve con el placer que estamos viviendo.
Estoy soñando y sin embargo puedo oler su piel, siento su sabor en mi lengua y el palpitar de su pene. Soy una con él y sin embargo consciente de todo lo que siente mi cuerpo.
Tenemos un orgasmo conjunto, envueltos en ese abrazo interminable. Mi cuerpo físico también responde y en medio de la sensación más plena y salvaje, despierto.
Mis labios están hinchados, al igual que mis pechos. Me toco, no quiero olvidar los lugares donde él ha posado sus labios y mis dedos me hacen alcanzar el climax de nuevo. Oigo mi jadeo en el silencio de la noche y aparto las sabanas para que el frescor de la mañana toque mi sudor.
Han pasado dos meses desde entonces y no he vuelto a soñar con él. ¿ Dónde estará mi amante del ensueño ¿.
Hoy, debo ir a una conferencia. Mi jefe ha dicho que debo entretener al conferenciante y llevarlo a conocer un poco la ciudad. Es un erudito que decidió abandonar una vida cómoda para ir en busca de la conciencia espiritual y por lo visto, ha escrito un libro que está siendo un éxito de ventas.
Pequeños grupos fuera en la calle fumando el último antes de entrar. Un puesto con los libros del autor donde después los dedicará, y otros asistentes ocupando ya sus sitios. Me pregunto si será muy mayor. Tomo uno de los libros para mirar la contraportada y ahí está, unos ojos profundos me miran. El mundo se detienen por un instante y a mi derecha escucho una voz grave y aterciopelada ¿ quieres que te lo dedique ¿.
No es necesario que mire su rostro, esa sensación que recorre mi cuerpo como un cosquilleo ardiente solo tiene un origen. Mi amante del ensueño, mi compañero.

TERESA COLIBRI