Campos de amor

Tercer premio del concurso de relatos erótico


 
 

Todavía te recuerdo, también recuerdo la mañana, cesaban los relámpagos y los truenos, el viento dejaba de pegar en las ventanas, las estrellas descolocadas en busca de su norte, mientras el sol pedía a gritos un poco de derroche.

Calor que mis manos protegían, para regalarte un poco de verano en esa oscura habitación. Cubierta tras las cortinas, desnuda, hermosa y limpia, en un manto de rosas traidas de los campos del amor, cuatro eran los pasos para llegar a tí, cuatro los deseos que rompían en mi mente, amor, placer, pasión y sonrisas entre tu y yo.

Pronuncias mi nombre tan lentamente que puedo sentir las piedras de mis zapatos, se distrae mi mirada, un ruiseñor en pleno vuelo se detiene y te observa, gira su diminuta cabeza y disfruta de lo que ve. Siento que me arrebatan algo mío, quiero volar y decirle, aléjate.

Mi mano corre a alcanzarte, tu muñeca espera el momento del roce, en que mis dedos se deslizan por todo tu cuerpo sintiendo el cosquilleo, resbalando en tu sonrisa y dejando caricias en tu piel, queriendo desnudarme de una vez. Que el tiempo pase no importa, si eres tú la mujer que me enamora, apartemos lo que nos sobra, el reloj lo primero, mordiendo tus pezones, mordiendo tus labios, algo me dices entre palabras, sosteniendo tu vientre que se eleva en espasmos repentinos, a causa del mal que mis dedos generan, irrumpiendo entre tus piernas, con ternura y bravura, tu boca de cereza, tus piernas con olor a primavera bañadas del jugo sagrado que resbala de tus muslos, salientes de un volcán que mis labios más calientan, en mordiscos cariñosos, con mi lengua por testigo, aguantándome para no eyacular, sin apenas penetrarte. El deseo es mayor cuando se que no estoy dentro de tu fuego, me preguntas si te amo, de mis labios sale un te amo, te amo tanto que todo el deseo y el amor que te tengo se perderían en el infinito, no hay tiempo tangible, no hay vida existente en nuestro planeta que pueda recoger el eco de mis gritos, clavados en el viento navegando sin rumbo.
Las palabras se enlazan en la tormenta y se mojan en las mareas atravesando océanos y mares perdidos en los continentes, siguen escribiendo TE AMO cada vez que nos juntamos.
Sonries y no dices nada, mi pene se deja arrastrar desde tus pies hasta tu zona hermosa y cálida, mi íra despierta al entrar en tí,
al juntar el calor del sol y el de tu piel en mí, queriendo pedirle a Dios que no se termine este instante de placer y amor, que nos encontremos viejos y perdidos en un campo de amor le digo yo, que se termine la vida si en ese campo no estás tu me contesto ella.

Gracias a ti que te dejas amar y me amas con lo mejor de ti.

Nacho Carriqui