los que se encienden juntos

O los que hacen el amor..


 
 

Hay dos tipos de amantes: los que se encienden juntos y utilizan el cuerpo del otro para apagarse. Los que la urgencia del momento les obliga a conquistar aquello que los satisface, marcando límites y dominios. Los que necesitan demostrar su capacidad de ser o estar, los que más que cómplices son competencia… O los que hacen el amor.

Hacer el amor es la mejor y más íntima de las conversaciones que dos personas puedan tener. Es hablar sin palabras dejando que sean los cuerpos los que hablen. Es mirar a los ojos y ver el alma desnuda, es ser capaz de entregarse y ser consciente de la entrega del otro. Con esta descripción Laura, la protagonista de “El reencuentro, ¿cómo aman las mujeres?”, le explica a su pareja que para ella la satisfacción física no es lo más importante.

Cada vez son más las personas que necesitan algo más de sus compañeros que una técnica amatoria irreprochable para sentirse plenos, aunque la relación física haya sido satisfactoria, se diferencia entre el sexo y el amor, y a todos –hombres y mujeres– nos resulta mucho más satisfactorio ser consciente de que nuestra pareja está intentando jugar con nuestra alma y no con nuestro cuerpo, pendiente únicamente de ritmos y tiempos.

La carrera frenética por conseguir un orgasmo – satisfacción física que dura sólo unos segundos– a toda costa ya no es el objetivo prioritario, no nos conformamos con esa competición por ver quien llega antes o después. Ahora necesitamos una compenetración que vaya mucho más allá para ser felices, necesitamos sentirnos cómplices, parte integrante del otro en ese momento de entrega absoluta, y para que eso ocurra es necesario sentir al otro cerca en todas las áreas que compartimos y no sólo en el encuentro amoroso.

La mayoría de las personas que se quejan de relaciones sexuales insatisfactorias, confiesan que en realidad no se sienten bien con sus parejas en otros aspectos de su vida, así que difícilmente conseguirán solucionar esas carencias o diferencias en la cama. Es necesario un diálogo sano y constructivo, exento de crítica, dominio, imposición o chantaje emocional, que sólo conseguirá que el otro se sienta atacado y por lo tanto actúe a la defensiva, impidiendo que nos podamos abrir y confesar nuestras expectativas, anhelos o deseos más íntimos. Sólo si conseguimos una buena comunicación y aceptación con nuestras parejas, podremos también “dialogar” a través de nuestros cuerpos en la cama, encontrando el equilibrio y la armonía que todos pretendemos para ser felices.

Difícilmente podremos confiarnos y abrirnos totalmente a una persona en una materia tan delicada y difícil de abordar como son las relaciones íntimas, si tenemos otro tipo de reservas. Si un miembro de la pareja se siente utilizado por el otro, en su vida sexual se sentirá utilizado igualmente. Si considera que su pareja no está a su altura intelectual o socialmente, difícilmente lo estará en la cama. Si no se atreve a confiarle sus inquietudes y deseos en la vida cotidiana, será imposible que le confiese sus fantasías o apetencias sexuales.

Sólo cuando nos encontramos ante un “igual”, sin sentirnos más ni menos que el otro, podremos abrirnos en igualdad de condiciones en materia de relaciones sexuales. Sólo cuando consideramos que nuestra manera de actuar es sincera y equitativa, podremos actuar de igual manera en nuestras relaciones íntimas. Es necesario olvidarnos de los tabús, de referentes obsoletos, normalizar prácticas que sólo están bien en relatos eróticos para practicar individualmente. Es necesario olvidarnos de las literaturas fantasiosas y las imágenes poco realistas que sólo crean falsas expectativas y fomentan la insatisfacción. Es, en definitiva absolutamente necesario dialogar y encontrar qué es lo que más nos complace, pero teniendo en cuenta que no podemos solucionar en la cama los problemas que tenemos fuera de ella.

Carmen Robles.

Autora de “El reencuentro, ¿cómo aman las mujeres?”

http://www.carmenrobles.com/

Pintura Carles Azcón