
“…Me he diluido entre la luz de la mañana y tu cabello negro… el silencio de tu cuerpo, la quietud de tus manos que no hablan, tus ojos cerrados que miran un mundo distante, y la canela de tus piernas que apresan mi alma, sujetándome, sin dejarme mover ni un instante… Hoy se cumplió la promesa de la eternidad…”