
"... No permitas que se acerque la frontera de la peligrosa mañana, prolonga la ausencia de hastío, rebate el discurso de los malditos espejos, que mientan de frente las verdades paganas, que no perezca en tu cama la lectura del tacto en tus labios, ni los miles de excesos de tus besos en rojo… que no duerman con gritos tus juegos de noche, que no nos lluevan recuerdos lejanos de gente sin nombre, que no nos miren los que no habitan tus versos, ni me culpen los que dicen volver de los sueños… hoy solo quiero que seamos eternos…”