
"Espero que mientan tus pasos desnudos sobre mi espalda al caer las horas, para que no deduzca que eres tú de ningún modo, para que evitando tus labios no pueda negar la silueta de tus piernas rodeando mi cuello… para que muera hundido en ti, como arma sin filo olvidada en batalla, un yelmo y escudo que de nadie se aferra… Ojalá que mi boca no encuentre tu boca pasada la lluvia, pasada las almas gimiendo, llorando, doliendo, bramando, muriendo las velas, flotando los versos, menguando mis brazos, matando el silencio...”