India-Dar es recibir


 
 

No sé por donde comenzar a narrar lo acontecido, lo experimentado y lo sentido durante mi paso por la India. Si tuviera que definir como me siento a posteriori la palabra es extraña, si, apática, sensible, más de lo habitual. A priori del viaje era consciente de que aquella realidad sería muy distinta de las ya conocidas, sabia que las superaría en dureza, pero la imaginación no llego alcanzar tales límites. Mis palabras apenas pueden ser el reflejo de las escenas cotidianas, de la contaminación atmosférica, de la acústica y la de sus gentes, de las injusticias, de las inmundicias, de las miserias… Cómo vivir esto con normalidad, imposible, requiere un esfuerzo diario, una sobredosis de energía que se pierde por cada poro hasta llegar a extenuarte. También supongo que esta misma película puede verse desde diferentes planos, y, claro el escogido como opción de vida para estos días, el primer plano, vivir con los mínimos potenció este agotamiento que todavía siento físico y espiritual después de cuatro días de mi regreso a Barcelona, entrañable regreso.

Un día en Calcuta
Suena el móvil, me levanto sin vacilar, de hecho llevo despierta bastante rato, el descanso aquí es nulo entre la dureza de la cama, la estrechez, la luz que apunta temprano y el calor que soporto peor que mis compañeras. Montse que fue la primera en resfriarse se sentía afectada por el aire del ventilador así que se decidió pasar las noches sin el aire lo que supuso un gran agravante para mi descanso, ni una sola noche dormí de un tirón, me despertaba con bastante frecuencia y sentía todo el cogote humedecido y la humedad pegada en mis carnes. En general, me levantaba la primera aunque también he de decir que cuando nos poníamos en plano horizontal por las noches era la primera en caer rendida al sueño. Levantar me levantaba, pero ya cansada, a esas horas de la mañana apenas palabras afloraban. Nuestra primera habitación en Calcuta (“hotel” Guliston) la definiré por un apelativo que constaba en una de las guías de la India (las guías de Violeta y Montse que nos acompañaron en todo momento) que se me quedó grabado, habitación espartana, si, pues así era nuestra habitación, una cama para tres más una cama individual, cada día rotábamos, un pequeño lavabo donde por las noches algún que otro visitante acudía.

Salimos a la calle un día más, la primera bocanada de aire parece fresca pero a lo largo del camino el calor y la humedad comienzan hacerse notar, algunos puestos de fruta todavía no están presentes es todavía temprano apenas son las 7 horas, momento del desayuno comunitario de todos los voluntarios en Mother House. Sin embargo, algunas cocinas ya han comenzado a funcionar hace bastante tiempo, si, cocinas en las calles, concretamente ocupando las aceras con grandes cantidades de frituras que parece que nadie cocine en sus casas, mucha vida en las aceras. Circular por la calle es todo un reto y un aprendizaje sorteando todo tipo de obstáculos y observando como transcurre sus vidas, su cotidianidad. El aire enrarecido por los humos hace perceptible la dificultad del paso del aire, desde la primera semana en la India tengo una costra en la fosa nasal que no deja de resultarme molesta y dolorosa cada vez que limpio mi nariz de los restos de polución, peor que cuando fumaba. Las aceras inexistentes en el sentido de que la mayor parte de éstas son ocupadas, y, son en ellas donde se desarrolla parte de la vida cotidiana, como comenté anteriormente, las cocinas son lo más predominante, después los sin techo, algunos un poco más afortunados con un techo de lona sujeto a unos palos de madera, otros sin techo, pero no han dejado de colgar algún que otro cuadro en la pared de la calle, una mesa, unas sillas, una fuente en el suelo alrededor de la cual se concentran los hombres y enjabonan sus cuerpos sin dejar parte alguna sin jabón, algunos cepillando sus dientes, otros orinando… un gran baño comunitario, un lavadero donde lavan sus ropas, aquí el concepto de la intimidad es inexistente…

Las calles de doble dirección y las acerar ocupadas dificulta el circular por ellas además de ser un riesgo a la integridad pues aquí no se conoce lo que es ceder el paso ni al viandante ni a otros conductores, es la ley del más fuerte y atrevido, así para cruzar una calle le has de poner mucho atrevimiento y poderío pasando de los cláxones que evidentemente no paran de sonar en todo momento, una constante que no he conseguido integrar. Ante todo convicción porque a la menor sospecha de que dudas en cruzar se abalanzan sobre ti, vamos que no paran y ya te apartaras tú…

Los contrastes de la calle
La evidencia de la miseria, aquellos que apenas tienen que llevarse a la boca frente a las grandes cantidades de comida; el anciano descalzo que tira del Rickshaw donde transporta a alguien de casta superior con aire altivo, arrogante y distante; el niño con corbata que va a la escuela frente a ese niño descalzo y sucio que solo tiene de niño la estatura, su mirada ya contaminada por la sociedad clasista, esclavista y que le robo su niñez, este se dedicara a mendigar a moverse entre basuras sin posibilidad de cambio.
Desayuno en Mother House
Oración conjunta, y, canción de despedida a los compañeros que parten al día siguiente, es también el día en que puedes conseguir un permiso para poder realizar fotografías en los proyectos. Las fotografías ya se que tenéis un montón de ganas de verlas, pero yo no tengo gran interés en ellas porque si mis palabras no lograrán seguramente transportaros a otra realidad, segura estoy de que las fotos no reflejan ni una cuarta parte de lo acontecido…y mucho menos pueden poner de manifiesto el sentir, aunque he de reconocer que ese cansancio del que hablo es bastante patente en mi rostro…

El proyecto: Shishu Bhavan
En el centro que estuve por las mañanas todos los niños tienen algún problema, todos ellos requieren rehabilitación diaria y cuidados básicos, sus edades oscilan entre 2 y 6 años. Cada niño tiene un libro con todos sus datos personales, problema de salud y terapia que requiere individualizada, esa parte me pareció estupenda aunque cierto que con la gran cantidad de niños que hay sin voluntarios es difícil que las masis (nombre que hace referencia a las trabajadoras autoctonas del lugar que no a las religiosas que son las Sister) puedan dedicarles el tiempo requerido para ello.
Lackar es el nombre del niño que me asignaron el primer día, un niño afecto de parálisis cerebral, dos años, totalmente dependiente en todas las necesidades básicas cuyos cuidados son bastante complejos, quizás no habría sido el niño que yo hubiera escogido de entrada, me llamo la atención un bebe ciego, como había desarrollado otras capacidades como hacía música con los objetos , como buscaba el contacto de tu piel y se relajaba… pero resulta que una mañana ves que esa personita te reconoce, te sonríe , y, empecé a ver a Lackar con otros ojos y era yo ahora quien intentaba pasar la mayor parte del tiempo con él, de hecho el momento de la comida era laborioso y aprovechaba estos momentos para tenerlo en mis brazos, las masis no son muy partidarias de estas muestras afectivas, así que bien podía pasar una hora para conseguir que comiera la mayor parte del puré, era realmente difícil. Recuerdo mi regreso de Darjeeling, aquella mañana me asignaron la rehabilitación de otros dos niños ninguno era Lackar, le tuve que rogar a la masi que me dejara con Lackar que esa mañana me sonreía muy especialmente, al final accedió aunque no de entrada, algunas mañanas las masis que hacen la colada nos reclamaban un ratito para ayudarles a tender la ropa, increíble las grandes cantidades de colada.
Nosotras éramos llamadas antis que significa tía, lo peor de todo era la ropa que tenías que ponerte por encima para estar allí, me recordaba a los delantales de mi madre aunque con mucha más roña porque la ropa de las camas de los niños y la de los niños se lavaba diariamente, pero esta os aseguro que no vi hacerlo, además de que la suciedad era bastante evidente. Algunas japos llevaban sus batas, supongo que igual ya estuvieron por allí en alguna otra ocasión. Bueno y como podréis comprobar en las fotos en delantalito se las traía, antipolvo total, antihigiénico y antitodo…
Mi momento autista, la vuelta al hogar o al cuchitril más en definitiva nuestro hogar en esos momentos al que llamábamos casa, hay que jo… Esto de vivir solo marca y una necesita sus momentos de ir por libre y precisamente fue esta vuelta diaria la que me permitió sentir ese momento o esa necesidad de espacio vital, me gusto especialmente el día que llevaba la cámara en las manos sin atreverme hacer alguna que otra foto de la vida cotidiana observada, algunas las hice tímidamente y otras me las pidieron para mi asombro.
Por las tardes, de nuevo el mismo recorrido, de vuelta al proyecto, pero por las tardes estaba en la guardería y estos no tenían problema alguno salvo que eran inagotables, recuerdo la primera tarde que a la vuelta me dí una ducha y me conecte a Internet, estaba tan cansada que casi me dormía allí mismo en aquella silla, era un cansancio muy plácido y agradable recordando lo bien que lo había pasado jugando con los pequeñines, lo difícil que resultaba conseguir un juego común o de grupo y lo contenta que me puse cuando conseguí que más de tres hicieran un tren, también ese primer día resulto fallido el intento de hacer un corro porque todos querían cogerse de mi mano, pero no había modo de que cogieran la del compañero, esto costo varios días, pero la prueba fue superada y un día aquel tren comenzó a hacerse más grande, alguno consintió en coger la mano a otro compañero que no fuera yo e incluso conseguí sentarlos en el suelo mientras les cantaba en castellano, imaginar, pero la verdad es que escuchaban atentos y tocaban sus palmas al finalizar la canción… y, es que los niños si no están contaminados por la sociedad son niños en doquier y disfrutan y gustan de las mismas cosas, sonríen y te dan alegría y les encantan los mimos y a mi me encantó mimarles…
Después rápidamente asecha la noche y dedico un par de horitas para conectarme con el exterior mientras los molestos insectos varios no paran de molestar, y yo, doy leñazos a la mesa, a mis manos y haya donde los haya… no quiero dejar de dar las gracias a todos los que estuviste pendientes de mi porque cierto que en algún momento flaquearon mis fuerzas, gracias porque me he sentido querida, arropada y casi diría que acompañada durante este viaje, gracias a las compañeras de proyecto, especialmente a Ana y Kellie de California que se esforzaron en hablar en castellano entre ellas para que yo pudiera participar de sus conversaciones además de que en mi primer día fueron un respiro cuando pensé que allí nadie a parte de mi hablaba castellano, gracias a Blanca por su visión de la India…gracias a mis compañeras de viaje que a pesar de las dificultades que aparecieron ya al siguiente día de nuestra llegada cuando tuvimos que tomar decisiones, cuando apenas sabíamos nada unas de las otras, y, frente a la que fue la primera posibilidad de conflicto, lo resolvimos, y, que decir, de la aventura de terror en que se convirtió nuestro primer destino, y, como a cada contratiempo hemos buscado el modo de caricaturizarlo… ¡joder! cuanto hemos vivido juntas: diarreas de una y de otra, toses, mocos, dolor de cuello, dolores de cabeza, reglas, thalis, chapatis, samoza… cuervos, monos, vacas corriendo los Sanfermines por Agra, los ratones en dos habitaciones nada menos, los bichos varios… las neuras… un viaje que me dejará la imprenta que ello no significa la magnificencia del lugar, el encanto de sus gentes, o la espiritualidad no encontrada, sino de todo aquello que alimenta mi espíritu como persona del mundo.

Elvira Sugrañes