
Domingo 3 de julio de 2005
Desayuno en la terraza del hotel Cap Ouest-Senegal, se puede llegar a él caminando desde el aeropuerto, muy recomendable buena relación calidad precio. Dispone de una amplia terraza donde desayunamos a cuerpo de rey y disfrutamos de la brisa marina. Apenas unos 10 metros una puerta abierta al mar. Es agradable sentarse en una gran roca para escuchar el murmullo de las olas. Tienes la posibilidad de regocijarte de un baño matutino, por supuesto durante el día, y, algo preciado por todos, un bañito nocturno.
El viaje desde Dakar a Oussouye tiene alternativas en función de la época del año, aunque los precios varían bastante en función de la selección que hagas. Viajar como hicimos nosotros en el vingt place atravesando el país de Norte a Sur es muy duro. Esta opción es la más económica. La ilusión por llegar al destino, la novedad del camino, el paisaje desconocido… mitigó nuestro cansancio. Este viaje puede ser todavía más duro pues tengo que decir que nosotros éramos un grupo, pero si tenéis que compartir el vingt place con las gentes del lugar tenéis que estar preparados para ello porque es muy probable que os sintáis una salchicha metida en el pan, que descubras olores desconocidos, pero opino que eso es una parte importante del viaje a estos lugares donde cultura, formas de vida, costumbres son tan distintas a las nuestras. Es un momento que puedes aprovechar para acercarte a ellos y descubrirles.
Los preparativos para la partida es un tema importante. Teniendo en cuenta que son muchas horas de viaje, nosotros partimos por la mañana y llegamos justo a la hora en que Cenicienta tuvo que salir corriendo. Que previendo la pesadez del viaje uno puede paliar si se acompaña de exquisiteces varias aunque lo mejor del viaje es tener la suerte de buena compañía y armonía. En nuestro caso, el largo trayecto se hizo más soportable gracias a los chistes de Dori una de las compañeras del grupo y Manuel que conocimos en el trayecto, él trabajaba para la Cruz Roja en el terreno, una persona encantadora y divertida donde las haya. Otro entretenimiento fue la comida que iba y venia sin descanso alguno, las barras de pan, los quesitos, el salami… las fotografías, las conversaciones…todo fue llenando nuestro espacio de tiempo. Resaltar que es imprescindible cruzar el río Gambia y que cabe la posibilidad según me comentaron que te pases allí las horas muertas o incluso la noche, no fue nuestro caso, aunque tengo que decir que pasamos bastante tiempo esperando, hay bastante tráfico de vehículos que atraviesan el río.
A lo largo del camino los majestuosos, hermosos, medicinales, sagrados y mágicos Baobab. Hábitat de genios y espíritus, es el baobab el árbol emblemático del Senegal. Su tronco es enorme y muy ancho pudiendo alcanzar los 25 metros de circunferencia, algunos poseen un tronco más ancho que alto. Algunas etnias del país le confieren propiedades mágicas. De él se aprovecha todo, su madera esponjosa sirve para construir piraguas y su corteza para trenzar cuerdas. El fruto del Baobab (el pan de mono o bouy) tiene un gusto agridulce y se utiliza para condimentar platos y elaborar una bebida (el zumo de bouy), también es empleado por los ancianos como alucinógeno mezclado con tabaco. Las hojas son utilizadas en la farmacopea para la preparación de la tisana.
Cuenta la leyenda que el baobab consciente de su fuerza y presencia llegó a desafiar a los dioses que en castigo a su osadía le condenaron a crecer al revés con la copa bajo tierra y sus enormes raíces al viento. Esto explica su extraño aspecto. En la Casamance los hay en abundancia.
¡Por fin! La llegada al Campament Emanaye. En la puerta de entrada, el caracol gigante, espectacular, esperando para darnos la bienvenida. Llegamos muy tarde, pero nos esperaban con la cena preparada, ¡que gozada!, ¡que bien nos supo!
Campement Emanaye
En el porche, todas las mañanas tuvimos clase con Carmen. En él tienen lugar todos los acontecimientos y es donde se hace la vida del campamento, una delicia, te sientes como en tu propia casa. Los desayunos son de lujo allí donde penetra la brisa matutina de Oussouye, nos rodea el verde paisaje, huele a hierba mojada… La amplia y larga mesa cubierta con los manteles teñidos al estilo senegalés es testigo directo de los desayunos, las clases, algunas reuniones, comidas, tertulias, cenas y más tertulias…sobre ella, la mesa, recuerdo las distintas mermeladas caseras, por cierto, muy ricas, las barras de pan, la mantequilla a lo grande, no como en esos hoteles que te ponen una insignificancia que apenas alcaza para untar el pan, termos de agua, sobres del té, la leche en polvo, el Nescafé®…Ah! Y lo mejor, la sonrisa que Máxime nos regalaba siempre, pero especialmente cada mañana.