
La Talasoterapia mejora:
Aparato locomotor: procesos reumáticos, osteoporosis, artritis.
Aparato respiratorio: procesos asmáticos, faringitis.
Aparato circulatorio: edemas, problemas en la circulación sanguínea.
Sistema nervioso: estrés, tensión nerviosa, ansiedad, depresión.
Menopausia.
Problemas en la piel: psoriasis, dermatitis.
Procesos dolorosos.
Rehabilitación: en procesos post traumáticos y post quirúrgicos.
Lesiones deportivas: desinflama las lesiones y favorece su recuperación gracias a su gran aporte de nutrientes.
Belleza: mejora la piel, ralentiza el envejecimiento, combate la celulitis y la flacidez.
La palabra Talasoterapia viene del griego thalasso, que significa mar, y therapeia, terapia o cura. Su conocimiento se remonta a la antigua Grecia. Hipócrates, el padre de la medicina, ya recomendaba baños de mar en sus tratamientos.
El agua de mar contiene más de 80 elementos que por su composición química, física y físio-química, son necesarios para el buen funcionamiento del organismo, sobre todo sodio y potasio que regula la cantidad de agua en las células y los tejidos. El agua de mar al tener una composición similar al plasma sanguíneo, por medio de la absorción osmótica a través de la piel, los elementos pasan al organismo consiguiendo que este recupere su equilibrio. El fitoplácton libera en el agua del mar substancias antivirales y antibacteriológicas, por lo que no se debe calentar más de 36º.
El movimiento del mar también resulta beneficioso para el organismo, ya que las olas producen un efecto tonificante que equivale a un hidromasaje de la superficie corporal consiguiendo un estado de bienestar general.
La tensión arterial desciende cuando se está a la orilla del mar, ya que los ambientes húmedos tienen un efecto sedante y por lo tanto una relajación importante, que aumenta si la temperatura es entre 20º y 30º.
La aplicación, en Talasoterapia, de las algas aportan al cuerpo minerales como el yodo, calcio, fósforo, potasio, magnesio, cobre, cinc, flúor... así como vitaminas, ácidos aminados y otras sustancias con propiedades antibióticas, antitumorales y antioxidantes que retrasan el envejecimiento cutáneo.
Los fangos marinos contienen una alta concentración de minerales procedente de la fauna y flora marina. El barro marino se aplica directamente sobre la piel mezclado con agua de mar. La acción de los minerales y oligoelementos pasan al organismo a través de la piel.
El aire marino es rico en yodo, iones negativos y ozono, un agente que purifica el aire gracias a sus propiedades antisépticas, antibióticas y relajantes que estimula las defensas y produce bienestar.