El Yin y el Yang I

Simplicidad natural


 
 

Todo lo que emana directamente de la naturaleza se construye a partir de cimientos formales y conceptuales muy simples. Ningún sistema natural es complicado bien al contrario, todo en la naturaleza es la expresión de la máxima armonía y coherencia al mismo tiempo que de la máxima simplicidad. Esta simplicidad de los sistemas naturales no obstante, no supone una renuncia a su poder intrínseco sino precisamente todo lo contrario, el poder intrínseco de todos los sistemas naturales se fundamenta, precisamente, en esa simplicidad. Lo simple es poderoso.

De manera paralela, las lecturas e interpretaciones que puedan hacerse del funcionamiento de las naturaleza, el Feng Shui entre ellas, deberán ser también muy simples, precisas, espartanas, desapegadas de ornamentación. Cuando estas relecturas de la naturaleza consiguen esta óptica simple y diáfana –de manera paralela a la propia naturaleza– es cuando nos proporcionan capacidad de transformación, estructuras y sistemas cargados de poder.

En esa línea de simplificación máxima, el Feng Shui, quizás, se lleva la palma, porque no lo olvidemos, en última instancia se fundamenta en un solo principio: la existencia de una única energía común a todo el universo (el Qi) que se manifiesta en nuestra realidad en forma de dos polaridades energéticas distintas a saber, el Yin (principio contractivo) y el Yang (principio expansivo).

El Yin y el Yang

Estas polaridades, Yin y Yang, no son opuestas sino complementarias y coexiten pacíficamente retroalimentándose en todos los ámbitos, espacios y aspectos del universo es más, a partir del principio único de la Vida –el Qi–, estas dos manifestaciones (tendencias, torsiones) del espacio-tiempo crean la realidad tal como la conocemos a través de su alternancia y constante retroalimentación. Yin y Yang no pueden existir por separado, ambos se necesitan para crear, permanecer y desarrollarse. Coexisten al tiempo se dan sentido el uno al otro hasta el extremo, cosa curiosa, que el final del primero de ellos es el principio del segundo y al revés.

Su nacimiento a partir del principio único, el Qi –que a su vez surge también como diferenciación de su principio complementario, el Tao, el vacío–, es lo que perfila y configura nuestro universo polar, en el que toda creación se concibe como una colaboración entre fuerzas complementarias: positivo y negativo, vacío y lleno, dentro y fuera, materia y energía, en general, siguiendo la nomenclatura de la moderna física cuántica, podemos reducir todo nuestro universo a entornos fractales autocontenidos todos ellos con un centro (una singularidad), esto es, el principio Yin, que otorga la coherencia y mantiene unidos los elementos que conforman su alrededor (los elementos), el horizonte de sucesos, esto es, el Yang.

Yin

La primera de ambas fuerzas, el Yin, es la que históricamente se ha asociado con la fuerza contractiva, hacia el centro, la tendencia al equilibrio, la oscuridad, el frío, el espacio, el invierno, la calma, el alma. Y más modernamente también se ha asociado al Yin con el principio femenino. Es importante destacar en este punto no obstante, que no se puede reducir Yin al principio femenino sino todo lo contrario, es el principio femenino quien es sólo una parte del yin.

Yang

La segunda de ambas fuerzas, el Yang, es la que históricamente se ha asociado a la fuerza expansiva, al entorno, a la tendencia al desequilibrio, la luz, el calor, el tiempo, el verano, la agitación y el espíritu. También se la ha confundido con el principio masculino e, igual que en el caso del Yin, nos encontramos que es el principio masculino quien es una parte minúscula de todo el Yang.

Estructura

Yin y Yang raramente se encuentran en estado de equilibrio o quasi equilibrio en nuestro universo sino que la expresión energética de lo que conocemos como realidad se construye partiendo de la alternancia cíclica y la colaboración de ambas polaridades del Qi.

Yin y Yang son, en realidad, una representación mitológica de la dinámica universal que empezamos a percibir científicamente en la actualidad y es que, en cualquier sistema físico, principio natural, actividad humana, etc. que se plantee, la constitución y la propia dinámica del sistema en última instancia siempre se puede reducir a la interacción continua y colaborativa de dos fuerzas, principios o elementos contrapuestos y complementarios, el Yin y el Yang. Desde un punto de vista filosófico, cualquier elemento se compone de sustancia y accidentes, o bien de material y energía, o incluso, en una tercera aproximación, de constitución y dinámica… Y curiosamente, esta simple taxonomía ya es, en si misma, una expresión directa del modelo del Yin y el Yang en la que las partes de sustancia, materia y constitución se asimilan a la polaridad Yin y, por otro lado, las partes de accidentes, energía y dinámica se asimilan a la polaridad Yang.

Circularidad

El segundo concepto interesante que habitualmente se asocia al Yin y al Yang es la circularidad ya que, el planteamiento clásico mitológico, el final del Yin propone el inicio del Yang y el final de este último, propone el inicio del anterior convirtiendo, de este modo, cualquier principio aparentemente lineal de nuestra realidad, en una estructura circular; sin principio ni fin sino simplemente como una sucesión de infinitos estados.

La dinámica circular del Yin y el Yang nos explica entonces, nuestro funcionamiento biológico, los ciclos de nacimiento, vida y muerte, la alternancia de noche y día, los ciclos anuales, el movimiento de los cuerpos celestes incluso la propia estructura del universo que las últimas investigaciones ya perfilan como una gran simbiosis entre las estructuras de energía y vacío… Volviendo a plantear, aunque esta vez a través de ecuaciones y cálculos, el mismo principio metafísico y mitológico que el taoísmo planteó por simple observación hace miles de años. El Tao, el vacío, el principio de todo y, a partir de él, el Qi, o principio de vida y Yin y Yang como su expresión polar en nuestro universo dual.

Joan Miquel Viadé