
El rolfing surgió en los años 60, Ida P.Rolf, doctora en bioquímica de la universidad de columbia (USA). Descubrió la importancia de las fascias (tejido conectivo) en la postura del cuerpo humano y la relación del hombre con la fuerza de la gravedad.
Todos los organismos tenemos la capacidad de adaptarnos al entorno y evolucionar de acuerdo con las condiciones que se dan como preestablecidas. La facilidad con que nuestros cuerpos superan este reto es lo más importante para nuestro bienestar, tanto físico, como emocional.
Esta situación ideal no siempre se produce. En el mundo industrial y urbano el hombre corriente ha permitido que el peso de su cuerpo se desplace de este eje vertical. En consecuencia, su cuerpo se ha acortado y lo acusa como dolor de espalda, fatiga crónica o problemas de edad. Puede que no entienda la causa de muchos de sus malestares, y que haya pasado por alto un sencillo problema: Está en desequilibrio – en lucha con la gravedad.
Por fortuna esta situación es reversible. Gracias a la plasticidad de las fascias, y mediante presiones profundas y precisas sobre ellas, es posible reconducir el cuerpo hacia su óptima relación con el espacio. Y es entonces cuando la fuerza de la gravedad brinda nuevamente su apoyo. Una agradable sensación de fluidez y ligereza, que en el Rolfing se llama “lift” (elevación), confirma que el cuerpo ha recuperado su capacidad de autocuración. Normalmente 10 sesiones de rolfing son suficientes.