Stressaway

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Tradiciones y traiciones.

Me encanta preguntar y saber el significado etimológico de las palabras.

Porque al igual que las personas, en la historia de las palabras, en su origen y en su evolución se atesoran los elementos que la hacen diferente y que le dan uno u otro significado, una u otra acepción.

Me encantan las tradiciones, conocer su historia, el nacimiento de las mismas, la evolución que han tenido a lo largo de la historia y en los diferentes países y cómo se manifiestan y se celebran a lo largo y ancho del mundo.

Y me fascina saber y conocer cómo las modificamos y adaptamos a nuestras necesidades personales, familiares y sociales. Me gusta conocer las tradiciones , los ritos, los rituales de paso, de las diferentes sociedades porque su valor antropológico nos da mucha información y siempre ayuda a entender cómo nos hemos ido organizando las diferentes culturas, comunidades y sociedades a lo largo de la historia.

Las tradiciones, según la RAE, son el legado que se traspasa de generación en generación. Son, por tanto, un hecho identitatario de alto valor intergeneracional.

Se trata de aquellas costumbres y maneras de hacer que se traspasan de padres a hijos sucesivamente. Estas pueden incluir desde la costumbre de hacer la sopa de Navidad con unos ingredientes determinados a sentarse en la mesa de Navidad en un lugar y en un orden determinado, a cantar siempre el mismo villancico el día de Nochebuena por parte del niño más pequeño de la familia, a recitar un poema o deseos venideros por parte del miembro más mayor de la misma, o mil tradiciones distintas que las familias crean y re-crean para diferenciarse del resto y mantener su identidad.

Si hacemos caer la letra “d” de la palabra “tradición”, nos aparece la palabra “traición”. Que según la RAE, es la falta que se comete al quebrantar la fidelidad de lo que se debe guardar y mantener.

Muchas personas me entenderán ya que es el sentimiento velado, sutil y efímero que aparece durante estos días cercanos a las Navidades.

Si no se hace lo que toca, si no se acude a donde toca o si no invitamos a los que toca…puede vivirse con cierto sentimiento de culpa traicionera.

¿Me siguen? ¿Les resuena algo? ¿Un poco?

Las tradiciones dentro de una familia suelen ayudar a sistematizar rituales de paso que invitan y ofrecen la posibilidad de cerrar etapas y poder, así, abrir otras de nuevas. La celebración de bautizos, comuniones, matrimonio, etc son, además de unos sacramentos de orden religioso, simbolizan unos momentos muy significativos para la persona, la familia y su comunidad y los celebramos realizando estos rituales de paso. Damos la bienvenida a aquel recién nacido que acaba de llegar o a la nueva pareja que celebra públicamente que se constituye como una nueva unidad de convivencia familiar preparada para una futura paternidad.

Así mismo, también, la celebración del funeral es un ritual de paso que ayuda a despedirnos socialmente de aquella persona que ha muerto. Y favorece al mismo tiempo, el re-conocimiento del cónyuge viuda o viudo que emerge en un nuevo estado personal, social y familiar y los posibles hijos huérfanos que también tienen que ser re-conocidos en este entorno familiar y social.

Y así, muchos otros rituales algunos de paso y otros de perpetuación de la etapa vital que ayudan y favorecen a las personas a hacer el proceso de duelo que nos corresponde hacer en cada una de los ciclos vitales por los que transitamos. Y asimismo, nos permite celebrar el inicio de otras etapas que se nos brindan nuevas y novedosas.

¿Qué ocurre cuando ante estas nuevas parejas y nuevos matrimonios que surgen, se entrelazan también rituales y celebraciones distintas que provienen de las dos vertientes familiares que se han unido en “matrimonio” y que ambas, necesitan y pretenden perpetuarse en la nueva familia originada ?.

Pues que como titanes en plena lucha intentan posicionarse en la nueva unidad de convivencia. Olvidándose las familias de origen de que, la nueva unidad de convivencia tiene y debe elegir sus tradiciones propias y particulares. Aunque es de todos conocido y sabido…..y muchas veces sufrido….. que en estas negociaciones internas, familiares y a veces, trans-generacionales……empiezan a aparecer sentimientos de culpa y traición a la tradición familiar.

Aparecen fuertes posicionamientos de apego a lo “nuestro”, lo que proviene de la familia extensa a la que pertenecemos, que parece que se vaya a perder y así, perdamos nuestra identidad familiar.

Les suena expresiones como: “Los Miret siempre lo hacemos así, por Navidad”, “en casa toda la vida se haba ido a Misa del Gallo, todos juntos”, “los Mateo siempre hacemos amigo invisible el día de Nochebuena” etc, etc. Formulándose verdaderas imposiciones a realizar en nombre de todo un clan.

Cuando dos familias se unen en matrimonio o pareja, porque recordemos que se unen las dos familias de origen y no solo las dos personas que se enamoran…..hay que negociar nuevas maneras de actuar y de funcionar. Generalmente, la vertiente más potente suele ganar a la familia más pequeña, más comprensiva, más negociadora o que más relativiza el peso de las tradiciones.

Ya que, traicionar la tradición es traicionar a tus ancestros y por ende, a toda tu estirpe. Y a pesar de que de eso no se hable, de eso, justamente, se trata.

Como en cualquier negociación, siempre hay una parte que puede ser más sensible y comprensiva y ser capaz de ceder y favorecer el acuerdo. Actualmente, las familias extensas suelen dividirse en dos partes o en tres o hasta Reyes están celebrando y repartiéndose a un lado u otro de la vertiente familiar.

Pero no dejamos de oír y escuchar expresiones de cansancio y obligatoriedad durante estas fiestas de navidad.

Y es que cuando las tradiciones ahogan porque imponen, se hacen cansinas. Cuando las tradiciones imponen porque toca, sin dar cabida al sentido o a la ilusión, se hacen aburridas.

Que bonito seria sentar en la mesa de Navidad a las personas que realmente sientes, quieres y amas sean o no de tu familia. Este seria mi deseo para estas navidades. Se crean mesas técnica de salud mental, de final de vida, de soledad no deseada.

Creemos nuestra mesa de Navidad de gente amada. Y posiblemente ocurra que estemos invitados a más de una mesa de Navidad a la vez y no a la mesa que nos toca, por familia, por tradición para no traicionar a los nuestros.

Si fuésemos una sociedad más madura emocional y dialécticamente hablando seriamos capaces de invitar a nuestra mesa de Navidad a las personas importantes de nuestra vida. Y a esta mesa de Navidad iríamos con máxima alegría , ilusión y con el convencimiento real de que formamos parte de la vida de esas personas que nos invitan.

Si por ende, las navidades nos recuerdan el nacimiento de Jesús, un ser que debía ser extraordinariamente revolucionario, feminista e innovador porque no hacerlo con innovadoras fórmulas de reunión que nos permitan sentir la ilusión y la alegría de juntarnos con aquellos que amamos y que sentimos que son nuestra familia.

Porque queridos lectores sabían ustedes que el término familia significa “grupo de siervos y esclavos patrimonio del jefe”. El término familia era equivalente a patrimonio e incluía no sólo a los parientes sino también a los sirvientes de la casa del amo…

Por tanto, deberíamos modernizar este término y celebrar mesas de Navidad regadas por el amor y el cariño, la ilusión y el deseo de verse. Y fomentar encuentros entre personas que se quieran y quieran compartir este sentimiento de amor, ternura y com-pasión que inunda las fiestas navideñas.

No creen ustedes que es en la pasión por lo que hacemos, por lo que sentimos y por lo que vivimos y la ilusión por compartirlo con quien realmente amamos donde yace la gracia de celebrar la Navidad ?

Deseo de todo corazón que tengan una Feliz Navidad ¡! Bon Nadal ¡! Bo Nadal ¡ Eguberri on ¡!

Barcelona 24 diciembre 2023

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Cristina Páez